Texto de Mabel Radel
Durante mi adolescencia en São Paulo, bandas como Slipknot fueron fundamentales para fortalecer mi conexión con el metal y despertar mi curiosidad por lo que ocurre tras bambalinas en la industria musical. Esta curiosidad, con el tiempo, se transformó en el sueño de una carrera en este campo. Este camino me llevó al mundo del espectáculo en vivo, donde trabajé en algunas de las salas de conciertos más grandes de Brasil, como Espaço Unimed y Audio, organizando eventos a gran escala con artistas internacionales. Estas experiencias me brindaron una base sólida para comprender el funcionamiento interno de un espectáculo y la complejidad de ofrecer al público una experiencia completa.
Años después, en Los Ángeles, tuve la oportunidad de expandir mi carrera trabajando con 5B Artist Management, una empresa que representa a algunos de los nombres más importantes del rock y el metal. Fue en este contexto que me encontré entre bastidores de una banda que antes parecía inalcanzable: Slipknot. No fue solo un momento surrealista para alguien que creció escuchando metal y a la banda en sí; fue un hito en mi carrera. Trabajar con Slipknot me enseñó lecciones que van mucho más allá de la música; lecciones que ahora definen mi visión del mercado.
La escala de la producción global
Slipknot opera con un nivel de detalle y precisión nunca antes visto. Desde la preproducción de un espectáculo hasta los monumentales escenarios del Knotfest, me quedó claro que nada sucede por casualidad: todo debe estar en perfecta armonía. El montaje del escenario a tiempo, los horarios y hojas de cálculo que organizan cada minuto, el transporte de toneladas de equipo, todo el equipo alineado y conectado, los puntos de hidratación repartidos por todo el festival, las experiencias especiales para los fans y las activaciones de marca.
Incluso el marketing, desde las campañas digitales hasta la promoción internacional (sí, algunos de los subtítulos en portugueses de Slipknot eran míos (risas), está planeado para maximizar cada detalle de la experiencia. En una producción de esta escala, nada se deja al azar: todo, desde el sonido hasta lo visual, desde la logística hasta la comunicación, es parte de una gigantesca máquina que transforma el espectáculo en algo inolvidable para el público.
Una de las experiencias más memorables fue seguir de cerca el Museo Slipknot , una actividad especial del Knotfest que celebra la historia de la banda y conecta a los fans con su legado de forma inmersiva. Allí, me quedó claro que la producción de eventos va más allá del escenario: se trata de crear universos enteros para que el público se sienta parte de la historia. Trabajar en marketing para el Knotfest, cuyo segundo mercado más grande del mundo es Brasil, también me mostró el alcance global de la banda y cómo Latinoamérica y Brasil son fundamentales para el metal.
Marca perdurable y reinvención
Una de las cosas más fascinantes de Slipknot es su capacidad para mantenerse vigente durante más de dos décadas sin perder su identidad. Las máscaras, el lenguaje visual, la energía… todo ha evolucionado, pero sigue siendo inconfundiblemente Slipknot. Estar en este universo me ha demostrado que la longevidad en la música se basa en el equilibrio entre honrar el legado y encontrar nuevas formas de innovar. Para Slipknot, esto significa reinventar constantemente su estética, expandir el festival Knotfest y crear experiencias que hagan que los fans regresen año tras año.
Uno de los momentos más especiales de mi carrera fue presenciar, en Pioneertown, California, el primer concierto del baterista Eloy Casagrande con Slipknot, para solo 300 personas, incluso antes de su anuncio oficial. Estar allí, presenciar de primera mano la disciplina y el profesionalismo de uno de los nombres más importantes del metal actual, fue emocionante y me hizo comprender de primera mano la dedicación necesaria para mantenerse a este nivel musical. La noche se volvió aún más memorable gracias al repertorio: la banda interpretó su álbum debut, Slipknot (1999), completo, aportando una intensidad inusual a un concierto tan íntimo.
Los fans de Slipknot, conocidos como Maggots , son fundamentales para la existencia de la banda, influyendo en todo, desde de mercancía hasta las activaciones en festivales. Su lealtad e intensidad crean una cultura única, que experimenté de primera mano en varios eventos. Esta experiencia fue una auténtica lección magistral de marketing centrado en la comunidad: en el panorama actual, no basta con lanzar música; es necesario crear espacios, momentos y narrativas que hagan que los fans se sientan parte de algo más grande, y Slipknot domina este arte.
Mirando hacia el futuro
Formar parte del universo Slipknot implicó enfrentarme a expectativas extremadamente altas y un margen de error casi inexistente. Necesitaba adaptarme rápidamente y entregar resultados bajo presión, representando siempre a uno de los nombres más importantes del metal. Esta experiencia me sacó de mi zona de confort y me demostró que la presión puede ser una aliada para perfeccionar mis habilidades y mejorar la calidad de mi trabajo, convirtiéndose en un hito en mi carrera profesional.
Más que una experiencia práctica, este trabajo cambió mi perspectiva sobre la industria musical. Aprendí que es cultura y sonido a la vez, que el vínculo entre artistas y fans es sagrado, y que el éxito nace del equilibrio entre la constancia y la innovación. Estas son lecciones que llevo conmigo en todos mis proyectos, ya sea en producción, marketing o conectando los mercados estadounidense y latinoamericano. Si hay algo que me queda claro de esta experiencia, es que la música es una fuerza imparable, capaz de crear comunidades, cambiar generaciones y transformar industrias. Es con esta fuerza que quiero seguir construyendo mi carrera.
*Mabel Radel es una productora musical con una licenciatura en Estudios Empresariales Generales con concentración en Marketing de UCLA Extension (Universidad de California, Los Ángeles) y una especialización en Negocios Musicales del Musicians Institute Hollywood.
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