Anette Olzon, integrante de Nightwish entre 2007 y 2012, regresó triunfalmente a los escenarios brasileños con una presentación sin precedentes desde su salida de la banda. El concierto, celebrado en Vip Station de São Paulo, formó parte de su gira brasileña y marcó la primera vez que la cantante se presentó como solista, centrándose exclusivamente en el repertorio de sus álbumes Dark Passion Play (2007) e Imaginaerum (2011).

Con una selección de canciones cuidadosamente elegida, Anette demostró no solo su inquebrantable talento vocal, sino también el carisma que cautivó al público. Para la multitud, compuesta en su mayoría por fans de Nightwish, esta fue una oportunidad para revivir en vivo una etapa que dividió opiniones, pero que dejó canciones inolvidables en el repertorio del metal sinfónico. La noche también contó con la actuación de la banda brasileña Magistry.

Directamente desde Curitiba, Magistry subió al escenario de Vip Station para calentar la noche. Formada por Lya Seffrin (voz), Leo Arentz (voz y guitarra), João Borth (guitarra), Thiago Parpineli (teclados), Leo Rivabem (bajo) y Johan Wodzynski (batería), la banda presentó su sonido orquestado que mezcla voces líricas y guturales con contundencia y grandes melodías. Su repertorio incluyó canciones como “Swing to the Circles of Time”, “Alchemy of the Inner World” y “Black Abyss” del álbum *The New Aeon * (2025), así como temas de su EP recientemente lanzado *Venus Mellifera*, como “Divine” y “Me, the Moon and Venus”, que fueron muy bien recibidos por el público que aún llegaba al recinto. Para cerrar, interpretaron “Lost Paradise”, demostrando una vez más la competencia de los oriundos de Curitiba en sus composiciones. ¡Una grata sorpresa!

Anette Olzon recibe varias ovaciones de pie

Tras un pequeño retraso, por fin llegó el momento de volver a ver a la cantante sueca Anette Olzon. La apertura con «7 Days to the Wolves» fue impecable: potente, dramática y con una atmósfera épica que combinaba a la perfección intensidad y melodía. Poco después, la energía estalló con «Storytime» y «Ghost River», canciones que demostraron que Anette sigue dominando con maestría el arte de la composición y logra imprimir su carisma en temas que ya se han convertido en clásicos. El público respondió a la altura, cantando al unísono y transformando el espacio en un auténtico coro.

“Bye Bye Beautiful” y “Amaranth” sonaron como himnos, aún más con la banda de acompañamiento formada por Sanzio Rocha (guitarra), Filipe Duarte (bajo), Vithor Moraes (teclados) y Kiko Lopes (batería), quienes supieron representar a la perfección el grandioso sonido de Nightwish, ofreciendo arreglos impecables. Anette se mostró feliz, bailando e interactuando con el público, animándolos a participar y demostrando una carismática presencia escénica que hizo que todos se sintieran parte del espectáculo. Como era de esperar, recibió varias ovaciones, siendo cariñosamente llamada "pastora" debido a su peculiar atuendo.

El mismo patrón se repitió en "Rest Calm", que aportó una mesurada pesadez sin perder su lirismo característico. El impresionante instrumental de "Last of the Wilds" le dio a la vocalista un momento de respiro. Fue entonces cuando el espectáculo adquirió una dimensión íntima. Sentada junto a la banda, Anette interpretó "Eva" y "Turn Loose the Mermaids" en un momento más acústico. Estas canciones mostraron otra faceta de su arte: una expresión delicada y emotiva, cercana al público. Fue un momento de contemplación, como si todos compartieran una experiencia única y personal junto a la cantante.

Uno de los momentos más destacados fue “Sahara”, que contó con la participación especial de la vocalista Lya Seffrin, de la banda Magistry. La química entre ambas voces fue intensa y enriqueció la canción, provocando cálidos aplausos y vítores del público. Poco después, Anette se adentró en impresionantes interpretaciones de “The Poet and the Pendulum” y “Meadows of Heaven”. Temas largos, llenos de matices y emoción, que demostraron no solo la versatilidad de la cantante, sino también su total entrega a la actuación. El cierre fue inolvidable: “Last Ride of the Day”, cantada mientras Anette lucía una bandera brasileña.

Fue el gesto perfecto para sellar la noche y agradecer a los fans su cariño, que siguieron cada verso con alegría y gratitud. Al final, quedó claro que el concierto no fue solo nostalgia, sino una reafirmación de la fuerza de Anette Olzon como artista, demostrando que su trayectoria post-Nightwish sigue viva en los corazones de los brasileños que la recibieron con los brazos abiertos. Cabe mencionar que, al despedirse, Filipe Duarte (bajista) hizo hincapié en destacar y recordar que la fecha marcaba un año del fallecimiento del gran Pit Passarell, de Viper.

LEA TAMBIÉN: Anette Olzon pospone su concierto en Belo Horizonte debido a problemas de salud.

Categorías: Noticias y reseñas

Nacido en San Pablo y apasionado del rock desde los 10 años, comencé a descubrir el mundo de la música heavy cuando un amigo grabó un casete con Viper, Judas Priest, Metallica, entre otros. Después, descubrí a Black Sabbath y ya no hubo vuelta atrás... Asiduo a los conciertos, he asistido a cientos de actuaciones de las principales bandas de rock/metal y sus diversos subgéneros. En los últimos años, he plasmado mi pasión por la música en palabras, compartiendo reseñas de conciertos y permitiendo que los lectores experimenten la emoción de cada actuación.